Según María Victoria Trianes,
Catedrática en Psicología de la Educación en la Universidad de Málaga, existe una presión de la sociedad sobre los niños para que aprendan más y cada vez más pronto, lo que ocasiona una fuente de estrés.
Las causas del estrés infantil vienen de la salud (tanto enfermedades como los cambios en la propia imagen), el ámbito escolar (de tipo académico, de relaciones con los iguales, ser aceptado o rechazados…), y familiar (peleas con los padres, castigos…).
Las causas del estrés infantil vienen de la salud (tanto enfermedades como los cambios en la propia imagen), el ámbito escolar (de tipo académico, de relaciones con los iguales, ser aceptado o rechazados…), y familiar (peleas con los padres, castigos…).
Así pues, tratan de combatirlo
mediante el afrontamiento, que es la forma en la que vemos una experiencia y
cómo nos afecta. Las consecuencias variarán en medida de la educación que se
les dé sobre estas situaciones, con el fin de que las repercusiones negativas
sean mínimas.
Existen programas de
afrontamiento con las cuales los niños aprenden a hacer frente a diversas
situaciones de estrés y malestar emocional. Aprenden así diferentes formas de
interpretar un problema, el pensamiento alternativo, la empatía, el prever las
consecuencias, etc.
Nuestra cultura considera el tiempo como una parte importante de la productividad hasta el punto en que nuestros modos de vida suponen estar ocupados una gran parte del tiempo si no todo.
El estrés es una reacción que
produce el organismo por situaciones y experiencias que una persona, ya sea
adulta o un niño, no puede controlar y que alteran su equilibrio. Generalmente se
desarrolla en ambientes rígidos y de alta exigencia ajena o propia, pero
también depende de otros ámbitos como hemos visto en el vídeo.
Este modo de vida cada vez más
ajetreado de los adultos se va trasladando poco a poco a los niños y su
infancia: se les llena las jornadas con diversas actividades, dejándoles muy
poco tiempo libre y para jugar.
El estrés se produce por la
producción de la hormona de cortisol, y puede afectar y afecta tanto a su salud
como a su comportamiento, pues puede provocar gastritis, hipertensión, poca
confianza en sí mismos, agresividad, desobediencia, y en casos extremos puede
plantear incluso ideas suicidas.
Algunos de los signos emocionales
que deben alertar sobre la presencia de estrés infantil y, por tanto, hay que
estar pendiente es el bajo rendimiento escolar, la necesidad de molestar a
compañeros y hermanos, en qué medida y cómo se produce ese comportamiento
disruptivo; provoca también necedad, perturbaciones en el sueño y apetito, etc.
Pero también se manifiesta físicamente con dolores de cabeza y estómago,
morderse las uñas, mojar la cama, arrancarse el pelo, entre otras.
De esta manera, se tratará de no
imponer a los niños excesivas cargas de actividades y es muy recomendable que
se les enseñe, desde bien pequeños, estrategias de afrontamiento que les
faciliten la superación de estas situaciones.











