jueves, 31 de marzo de 2016

BLOQUE III: Práctica 4.

          Según María Victoria Trianes, Catedrática en Psicología de la Educación en la Universidad de Málaga, existe una presión de la sociedad sobre los niños para que aprendan más y cada vez más pronto, lo que ocasiona una fuente de estrés.

         Las causas del estrés infantil vienen de la salud (tanto enfermedades como los cambios en la propia imagen), el ámbito escolar (de tipo académico, de relaciones con los iguales, ser aceptado o rechazados…), y familiar (peleas con los padres, castigos…).

          Así pues, tratan de combatirlo mediante el afrontamiento, que es la forma en la que vemos una experiencia y cómo nos afecta. Las consecuencias variarán en medida de la educación que se les dé sobre estas situaciones, con el fin de que las repercusiones negativas sean mínimas.

          Existen programas de afrontamiento con las cuales los niños aprenden a hacer frente a diversas situaciones de estrés y malestar emocional. Aprenden así diferentes formas de interpretar un problema, el pensamiento alternativo, la empatía, el prever las consecuencias, etc.




        Nuestra cultura considera el tiempo como una parte importante de la productividad hasta el punto en que nuestros modos de vida suponen estar ocupados una gran parte del tiempo si no todo.

       El estrés es una reacción que produce el organismo por situaciones y experiencias que una persona, ya sea adulta o un niño, no puede controlar y que alteran su equilibrio. Generalmente se desarrolla en ambientes rígidos y de alta exigencia ajena o propia, pero también depende de otros ámbitos como hemos visto en el vídeo.

        Este modo de vida cada vez más ajetreado de los adultos se va trasladando poco a poco a los niños y su infancia: se les llena las jornadas con diversas actividades, dejándoles muy poco tiempo libre y para jugar.

          El estrés se produce por la producción de la hormona de cortisol, y puede afectar y afecta tanto a su salud como a su comportamiento, pues puede provocar gastritis, hipertensión, poca confianza en sí mismos, agresividad, desobediencia, y en casos extremos puede plantear incluso ideas suicidas.

          Algunos de los signos emocionales que deben alertar sobre la presencia de estrés infantil y, por tanto, hay que estar pendiente es el bajo rendimiento escolar, la necesidad de molestar a compañeros y hermanos, en qué medida y cómo se produce ese comportamiento disruptivo; provoca también necedad, perturbaciones en el sueño y apetito, etc. Pero también se manifiesta físicamente con dolores de cabeza y estómago, morderse las uñas, mojar la cama, arrancarse el pelo, entre otras.

          De esta manera, se tratará de no imponer a los niños excesivas cargas de actividades y es muy recomendable que se les enseñe, desde bien pequeños, estrategias de afrontamiento que les faciliten la superación de estas situaciones.